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Alemania y la reorganización de europa. 1940-1943

Claudet Moret

 

Alemania y la reorganizaciσn de europa. 1940-1943 - Claudet Moret

220 páginas
medidas: 14,5 x 20 cm.
Ediciones Sieghels
2015
, Argentina
tapa: blanda, color, plastificado,
 Precio para Argentina: 250 pesos
 Precio internacional: 17 euros

 

 

 

 

Claude Moret, con una paciencia y una minuciosidad asombrosa, ha reunido textos exclusivamente extraídos de las publicaciones alemanas que permiten circunscribir con precisión los proyectos y métodos según los cuales la Alemania de los años 1940-1943 intentó colocar los cimientos de una nueva Europa. Podrá verse que estos proyectos y estos métodos son infinitamente más variados de lo que habitualmente se supone, y revelan, por su misma diversidad, la coherencia de miras alemanas
Lo cierto es que si estos planes hubieran triunfado, se asistiría hoy a la constitución de una Europa sostenida por la armazón de una máquina de hábil funcionamiento.
En contraste, las ideologías propuestas hoy día por las primeras potencias sólo invocan las leyes de la materia. Al atenerse a estos fundamentos materiales nos obligamos a aceptar la legitimidad de toda empresa de conquista o de hegemonía, siempre que cuente con fuerza para triunfar. Pues en este plano no existe otra ley sino la del triunfo, apartando de la busqueda de una comunidad continental la exigencia de una común inspiración espiritual.
Tal vez entonces podremos medir el abismo que separa al hombre moderno de un mundo pacificado, en el que le sea permitido vivir su verdadera vida de hombre.
La presente obra se propone reunir en una síntesis cómoda las declaraciones y publicaciones más características en que han quedado expresados desde 1940 a 1943 los principios y planes alemanes de reorganización europea, y con ellos conseguir una visión de conjunto. El autor se ha dedicado a dar el más fiel reflejo de los documentos que traducía y de las teorías expuestas. Son concepciones alemanas las que el público encontrará analizadas en este estudio.

 

ÍNDICE

 

INTRODUCCIÓN, por Erik Norling
NOTA PRELIMINAR
PREFACIO
I.—Fundamentos del pensamiento político alemán
II.—Resurrección del Imperio: Alemania, Reich, Europa, Espacio vital
III.—El Protectorado de Bohemia y Moravia y la unión geográfica del Reich
IV.—Las provincias del Este y los tras¬lados de poblaciones
V.—El Gobierno General y la separación de razas
VI.—Los Comisariados del Imperio y el lejano Este-europeo
VII—El Sudeste y los países sub-germánicos
VIII.—El Occidente y el espacio germánico
IX.—Las Marcas occidentales y la colonización de las fronteras
X.—Métodos de unificación europea.
CONCLUSIÓN

INTRODUCCIÓN


La reciente reedición del ensayo del galo Claude Moret que apareciera en 1946 a cargo de la editorial católica EPESA de Madrid debe saludarse efusivamente por todos aquellos que creemos que una de las principales aportaciones del nacional-socialismo fue, precisamente, la creación de un sentimiento paneuropeo. En unos momentos como los actuales, en los que los políticos se llenan la boca de palabras altisonantes sobre la unidad europea no queda de más recordar que fueron teóricos nacionalsocialistas los pioneros de muchas de las propuestas que hoy en día la opinión pública ven como algo natural. Por ello el temprano trabajo de Moret es doblemente importante, primero por publicarse en un año, 1946, cuando cualquier reconocimiento de la política hitleriana era una garantía suficiente para ser declarado un “paria” en círculos académicos occidentales, y en segundo lugar por estar en castellano, siendo una de las escasas obras que en este idioma han sido publicadas sobre el tema.

Alemania, Reich, Europa

El autor desgrana en diez extensos capítulos (el trabajo supera las 340 páginas) las diferentes políticas nacional-socialistas en relación a Europa, ubicándolas en cada contexto geográfico y temporal. Comienza con un análisis del nacimiento del europeísmo en Alemania, como una necesidad propia de la historia de este país que ocupa el centro mismo del continente. La ideología nacional-socialista en materia de política exterior rompe con los esquemas tradicionales, como demuestra Moret, de imperialismo decimonónico si bien debe partir de una premisas iniciales que hunden sus raíces en los problemas de fronteras que los siglos han creado en esta tierra azotada por conflictos internos y externos. Sin embargo, y es importante retener este punto, Hitler llega al poder con una concepción radicalmente opuesta al prusianismo expansionista. No en vano en Mi lucha declara que no tiene cuentas pendientes con en Oeste, pese a los siglos de humillaciones francesas e inglesas contra Alemania, poniendo sus miras hacia el Este.
Conforme la guerra avance, y las victorias alemanas se sucedan , el conflicto entre imperialistas y europeístas se declara entre los nacional-socialistas. Hitler toma partido por los segundos. El ideal de una Europa unificada comienza a tomar forma.(1)
Se inicia así una etapa política de enorme importancia, mayor de la que incluso hoy en día podamos imaginar. Se propone la racionalización de la economía, de la producción industrial y agrícola, la superación de las diferencias regionales y de los conflictos civiles en Europa. La libre circulación de personas, sin fronteras, entre los diferentes países de Europa, la socialización de la cultura y las artes, la creación de un Espacio Económico Común, eran expresiones e ideas actuales entonces. El sueño de unos Estados Unidos de Europa no era una entelequia sino una posibilidad tangible y que, bajo la batuta alemana, podía ser una realidad.

Revisionismo

Publicado en 1946, apenas un año acabado el conflicto con la derrota alemana, se trata de uno de los primeros textos revisionistas propiamente dichos. Moret demuestra, con cifras y datos, la falsedad aspectos que a partir de entonces pasarán a formar parte de la demonología con que el régimen nacional-socialista fue acusado tras la guerra. Especialmente interesante es su estudio de las políticas aplicadas en los territorios del Este (Polonia, los países bálticos, Rusia) que contradice sorpresivamente lo que, incluso nosotros mismos, considerábamos como fehacientes hasta ahora. 
Que la “mano de hierro” alemana se aplicó contra los polacos era una creencia absoluta pero Moret nos narra como el Gobernador Frank (que posteriormente sería ejecutado por ello, no lo olvidemos) intentó crear un Estado polaco, con una amplia autonomía a todos los niveles, incorporado al Reich como territorio autónomo (parecido al caso de Puerto Rico con EE.UU.) con una planificación económica y cultural excelente. Todo lo contrario a la imagen que teníamos de una Polonia sojuzgada y reprimida. Lo mismo sucede con los países bálticos, donde se intentó siempre su colaboración. El propio Hitler declaró que los balto-alemanes, que no escondían sus deseos de retornar a estos territorios, que no sería posible pues había que respetar  el principio de identidad racial, es decir que los alemanes no podrían ocupar zonas mayoritariamente de otra etnia. El caso de los territorios ocupados de Rusia Blanca siguió la misma tónica, “se organizaron planes por las autoridades alemanas para asegurar el impulso agrícola de este país; los cultivos fueron intensificados...” nos recuerda. En Ucrania se potenció el resurgimiento nacionalista ucraniano, se permitieron la vuelta a las Iglesias, las autoridades locales eran todos nacionales.
Hitler, representado por las autoridades de Rosenberg y las SS, pudo haber actuado de forma despiadada, sin embargo, consecuentemente con los planes de reordenación continental, el Este debía convertirse en un territorio de paz y prosperidad. Y, aunque no lo diga Moret que entonces no lo podía prever, fue la propaganda soviética, apoyada por los occidentales, los que dibujaron una imagen falsa de los años de ocupación alemana de estos países.

España y Europa

Cabe advertir a los lectores que el texto no aborda las políticas paneuropeas de los restantes países europeos durante aquellos prolíficos años, entre ellos el caso español, algo que deja un ligero sabor amargo pues hubiera sido excelente haberlo tratado. Pero es importante recordar que el libro se edita por EPESA, una editorial ligada a sectores nacional-católicos españoles, tradicionalmente hostiles al nacional-socialismo y que veían con el ceño fruncido cualquier manifestación pro-fascista de los falangistas españoles. El propio editor, Alfredo Sánchez Bella, tendrá cargos de importancia en el franquismo, lo que aumenta el valor simbólico de esta publicación. Poco después, cuando el régimen franquista abrazaba con entusiasmo a EE.UU. y todo lo que representaba, también hubo sectores nacional-católicos que propugnaron un europeísmo católico. Tomaron el testigo de aquellos autores falangistas que, durante los años del conflicto, postularon un acercamiento a la Nueva Europa de España, para romper el tradicional aislamiento hispano, manteniendo encendida la antorcha de los europeístas en el nacionalismo español.(2) Minoritarios, sí, pero siempre estuvieron allí pese a la omnipresencia de los tradicionalistas españoles que veían con desconfianza cualquier veleidad que llevase el país allende de los Pirineos. No en vano llevaban siglos aislados y cualquier idea renovadora proveniente de Europa era considerada subversiva.

Estado de la cuestión

Es increíble que haya tenido que transcurrir casi seis décadas desde su aparición, para que ahora unos jóvenes investigadores descubrieran este texto, inédito para la mayoría de los autores que han abordado el tema y nos lo presenten a los lectores españoles del siglo XXI . Jamás se lo podremos agradecer suficientemente. Pero también echamos en falta que el segundo volumen, que seguramente estaba en mente de Moret, no se publicase. Y habrá que elaborarlo pues. Debió existir un segundo volumen pues el que tenemos entre las manos  finaliza en 1943 cuando es precisamente en los años 1944-45 cuando el europeísmo nacional-socialista se convierte en lo que después conoceremos cono el neofascismo europeísta. El volumen se detiene en exceso, y no es una crítica pero es una carencia, en las políticas economicistas de la primera etapa cuando es en la segunda etapa cuando el nacional-socialismo se abre a los demás pueblos europeos y cuando, en los congresos europeos (que no internacionales) se comienza a vislumbrar la futura Europa. Gracias a la ingente labor de los propagandistas nacional-socialistas se editaron numerosos folletos y publicaciones en español para dar a conocer a la Nueva Europa, y aquí como en el resto del continente, la buenanueva se propagó.(3) 
De todas formas el trabajo de Moret es imprescindible para poder comprender, sin apasionamiento y manejando fuentes de la época, sin manipular, el espíritu que animó a aquellos nacional-socialistas que creyeron en la posibilidad de edificar una Nueva Europa donde los endémicos problemas del paro, las miserias sociales, las enemistades entre los pueblos se superasen definitivamente. Un sueño que se truncó por la suerte de las armas pero que estuvo allí, y que caló hondo el las capas populares europeas, que tras la contienda exigieron que se prosiguiera esta labor. La Unión Europea, tal y como la vemos hoy en día, no es la panacea y tenemos muchas dudas sobre la misma pero, y no lo debemos olvidar, es un paso más en la ansiada unidad de los pueblos europeos.
En resumen: Todo nacionalista europeo tiene la obligación de leer detenidamente el libro de Moret, una fuente inagotable de sorpresas agradables, que rompía en 1946, como lo hace ahora a inicios del tercer milenio, con muchas ideas preconcebidas siendo un verdadero manual de formación europeísta.

ERIK NORLING

 

Notas

1) El europeísmo nacional-socialista ha sido tratado por escasos autores, véase, por citar el más conocido: NEULEN, Hans Werner, Eurofaschismus und der Zweite Weltkrieg, Munich, Universitas,1980;  Europa und das 3. Reich, Munich, Universitas, 1987.
2) Véase mi colaboración “España y el Nuevo Orden Europeo” en Aportes, nº 42, 1/2000, pp. 131-142.
3) Un ejemplo de estos títulos: Europa como comunidad en su lucha vital. Conferencias Europeas, Berlín, Intercambio Cultural Académico, s/f (ca. 1943); o la colección de revistas en español La Joven Europa que se publicó entre 1942 y 1943. 

NOTA PRELIMINAR


El ilustre autor de este libro, Claude Moret, con una paciencia y una minuciosidad que nos ha asombrado durante la lectura de su manuscrito, ha reunido textos exclusivamente extraídos de las publicaciones alemanas, que permiten circunscribir con precisión los proyectos y métodos según los cuales la Alemania de los años 1940-1943 intentó colocar los cimientos de una nueva Europa. Podrá verse que estos proyectos y estos métodos son infinitamente más variados de lo que habitualmente se supone, y revelan, por su misma diversidad, la coherencia de miras alemanas; y es imposible abstenerse de encontrar, en su último desarrollo, la continuación de la empresa que, hace cuarenta años, Paul Valery llamaba una «Conquista metódica»; empresa en la que nada queda al azar, en la que cada detalle va autorizado por antecedentes geográficos, etnológicos, históricos, económicos, ampliamente estudiados. Lo cierto que se puede decir es que, si estos planes hubieran triunfado, se asistiría hoy a la constitución de una Europa sostenida por la armazón de una máquina de hábil funcionamiento.
No tenemos por qué añadir a este trabajo, de estricta documentación, una conclusión de la que el autor ha querido abstenerse. Permítasenos sencillamente indicar algunas cuestiones que pueden plantearse.
No faltará quien se pregunte—ajenamente a toda adhesión o a toda repulsa, inspiradas por sentimientos nacidos del acontecimiento de la guerra o por preferencias hacia tal o cual tradición política, nacional o de otra clase—, qué probabilidades de vida hubieran estado permitidas en un orden internacional fundado sobre comprobaciones de hechos y sobre leyes puramente materiales, que pueden desprenderse de las diversas ciencias de la vida humana. El simple respeto a la verdad obliga a una confesión previa por molesto que sea hacerla después de cuatro años de sufrimientos: la enorme aventura que aquí se describe sólo ha podido intentarse en función de un sentimiento de inter-dependencia de los pueblos europeos—sentimiento oscuro, confuso, pero tanto más dinámico— que innegablemente subsiste en la gran nostalgia germánica del Sacro Imperio. No nos preguntamos aquí si esta nostalgia no había deformado singularmente la imagen real del pasado medieval, ni tampoco si el despertar de las nacionalidades, la experiencia de la libertad de los pueblos, la noción profunda que cada uno de ellos ha adquirido de su propia personalidad y de su derecho a la autonomía, han hecho ilusoria toda solución análoga a las que pretendieron hacerse revivir. Evitemos también el poner en duda la posibilidad de crear a Europa por una hegemonía y según los métodos de sujeción aplicados tanto a los individuos como las naciones. Renunciemos hasta a insistir sobre el hecho, ya evidente, de que, al querer apresurar el nacimiento de una comunidad continental ajena a toda inquietud de equilibrio, sólo se consigue retardarla: el lenguaje del que se habrá usado y abusado nos va, en efecto, a continuar siendo sospechoso durante largo tiempo, en el momento en que más se necesite para fundar, en la comunión del espíritu, lo que no se ha podido establecer por la violencia. Limitémonos a plantear esta otra cuestión que nos sugiere cada cita realizada por nuestro autor: el deseo de una Europa que exista profundamente en todos los europeos; pero aunque los teóricos y gobernantes alemanes lo han afirmado con la insistencia de una propaganda sistemática, ¿podrá quedar este deseo satisfecho por una pura y sencilla organización del Continente?
Lo que salta a la vista, desde que se confrontan los textos aquí reunidos hasta de lo que pudo ser en otro tiempo el sueño de una vida internacional duraderamente establecida, es que las ideologías propuestas hoy día por las primeras potencias sólo invocan las leyes de la materia. (Y si el ejemplo escogido es el más notable, es de temer que la mayor parte de nuestros contemporáneos, europeos o no, consientan en un materialismo apenas diferente, cuando se trate de los principios de un orden nuevo.) Se invocan los cursos de los ríos, la línea de las montañas, las necesidades de la vida económica, los imperativos de la raza, todos esos antecedente, naturales que estudia la ciencia llamada geopolítica. Situándose en este plano, ¿se está cierto de no dejar escapar una parte, tal vez la más esencial, de la realidad humana? Esta es la cuestión; que cada uno responda. Y que la Humanidad arrastre las consecuencias de su repuesta. Parece, creemos nosotros, que al atenerse a estos fundamentos materiales de una política posible nos obligamos a aceptar la legitimidad de toda empresa de conquista o de hegemonía, siempre que cuente con fuerza para triunfar. Pues en este plano no existe otra ley sino la del triunfo. Pero la fuerza y el triunfo, ¿son en sí el fin y la razón de ser de nuestra vida común? Tal es la segunda pregunta, y la fisonomía de la Europa futura, la suerte de las generaciones del mañana, dependerán de la respuesta que se haya dado a esta pregunta... Además, apartando de su busca de una comunidad continental la exigencia de una común inspiración espiritual, se recurre, por encima de las ciencias de la tierra y de la sangre, a las tradiciones y a los derechos conferidos por la Historia. Y esto plantea un problema diferente, temible, el de la verdad histórica, a la que se cree poder referirse. ¿Se olvida lo que tiene de conjetural la ciencia del pasado? ¿No se vislumbra el peligro de rehacer la Historia según las necesidades y las oportunidades del presente? Y, finalmente, ¿pueden encontrarse en los siglos transcurridos otra cosa sino argumentos y armas para justificar cualesquiera apetitos e instintos, desde el momento en que se reconoce al apetito, a la posesión de tierras y a la vitalidad física de los pueblos, un valor sin nombre?
¿Puede aún nuestro mundo escapar del círculo fatal de este materialismo? ¿Qué oponemos nosotros a esta verosimilitud que adquieren las tesis imperialistas, cuando se acepta que la vida es un absoluto? La experiencia demuestra que se resiste, hasta sin doctrina y sin conciencia clara, a la persecución, a la injusticia, a la violencia arbitraria, que suscitan pronto las fuerzas de libertad y de insurrección; pero a la aparente evidencia del derecho del más fuerte, a la verosimilitud difícilmente discutible de las ideologías científicas, la resistencia es débil cuando se mantiene sobre el mismo plano material. Hasta aquí, ¿es otra cosa muy diferente lo que se invoca contra esta ideología particular, o contra las ideologías que no difieren de ella esencialmente? Hipocresía, en vez de brutal afirmación; miedo de llegar a lo último, en vez de cinismo... Pero, ¿es esto bastante?
Como a tantas otras preguntas, sería aventurado querer responder por el solo examen de los principios admitidos por una de las naciones que entraron en la liza. Insistiremos en ello cuando hayamos reunido una documentación paralela sobre los principios y planes de las otras potencias. Y tal vez entonces podremos medir el abismo que separa al hombre moderno de un mundo pacificado, en el que le sea permitido vivir su verdadera vida de hombre.

EL EDITOR

PREFACIO


Sería prematuro querer escribir, o siquiera esbozar, una Historia de la Administración alemana en los territorios ocupados. Muy pocos documentos se han publicado sobre este particular; demasiados aspectos están mal conocidos; y, en fin, el observador carece de la necesaria perspectiva. El objeto de la presente obra es muy diferente. Solamente se propone reunir en una síntesis cómoda las declaraciones y publicaciones más características en que han quedado expresados desde 1940 a 1943 los principios y planes alemanes de reorganización europea, y con ellos conseguir una visión de conjunto. Estos textos son reproducidos sin comentarios, a veces como citas, a veces como resumen. Excepto en el primer capítulo, el autor toma raramente la palabra. Se ha dedicado a dar el más fiel reflejo de los documentos que traducía y de las teorías expuestas. Son concepciones alemanas las que el público encontrará analizadas en este estudio.
Ha parecido interesante destacar sobre ciertos puntos la continuidad de la influencia alemana desde hace un siglo, reuniendo los escritos de los teóricos contemporáneos con los de sus predecesores. Y, en fin, en el primer capítulo, se hace una revista de las ideas que desde el comienzo del siglo XX, y más particularmente en estos últimos veinte años, parecen haber ejercido la más fuerte presión sobre el pensamiento alemán.

La guerra situó a plena luz el carácter y las aspiraciones de los pueblos. Al borrar los matices, les dió ángulos definidos, colores crudos. Presentóse al desnudo el temperamento nacional. Así ha ocurrido en Alemania después de 1940. Resulta banal citar la frase de Clausewitz: “La guerra sólo es la continuación de la política con medios diferentes.” Más interesante es la forma bajo la cual el técnico militar alemán ha presentado la misma idea: “La guerra y la paz son dos actividades profundas, que tienden al mismo fin por medios diferentes.” En un país como Alemania, donde la continuidad de la política estaba garantizada por el elemento militar, puede decirse que la diplomacia suele ser con frecuencia la prosecución de los objetivos del tiempo de guerra por medios diferentes. Si se hubiese conocido la historia de la Administración alemana en los Balcanes desde 1914 a 1918, se hubiera comprendido mejor después de la paz la política del Reich en estas regiones. Por ello debería prestarse más atención a los planes de reforma y de reorganización de Europa que Alemania ha esbozado o tratado de realizar al día siguiente de sus victorias de 1939, 1940 y 1941.