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Sin mandato en Berlín

 

Sven Hedin

Sin mandato en Berlνn - Sven Hedin

104 páginas
medidas: 14,5 x 21 cm.
Ediciones Sieghels
2014
, Argentina
tapa: blanda, color, plastificado,
 Precio para Argentina: 170 pesos
 Precio internacional: 12 euros

En este libro, escrito ya en 1949 y publicado en Estocolmo y Buenos Aires, se recojen las últimas palabras que sobre el destino alemán escribió Sven Hedin y que, en un determinado sentido, se han convertido para nosotros en un legado que, tal como podemos apreciar, los alemanes no han sabido apreciar hasta hoy y que incluso en muchos lugares ha sido ninguneado, mal interpretado y distorsionado; una casi trágica despedida de una relación de casi 70 años entre una gran persona y una gran Nación.
Ya desde su primer contacto con el Nacionalsocialismo, Sven Hedin lo había superado anímicamente al valorarlo como un fenómeno histórico y no como un fenómeno político. De este modo pudo apreciar tanto el lado oscuro como la faceta luminosa de dicho movimiento, consiguiendo también descubrir la sustancia vital del todo por encima de la degeneración de las partes. Así pudo mostrarse justo tanto frente a los fallos de los demás como frente a sus propios errores.
La disciplina espiritual y amor inquebrantable por la verdad, por medio de un sentido de justicia frente al adversario y de fidelidad hacia el propio ser, es el legado que nos ha dejado Sven Hedin.

 

ÍNDICE

 

sin índice

INTRODUCCIÓN: El legado a Alemania de Sven Hedin

Cuando el 26 de noviembre de 1952 Sven Hedin cerraba para siempre los ojos en su ciudad natal de Estocolmo, se despedía uno de los últimos grandes europeos, quizás incluso el último, de un Mundo del que desde hacía más de tres siglos habían recibido un tipo de carácter proveniente de la Europa Central. Una pérdida irreparable tanto para Europa como para todo el Mundo; para Alemania la despedida de un gran hombre neutral que amó a nuestra tierra y a nuestro pueblo del modo que solamente un alemán podía amarlos.
En (este libro), escrito ya en 1949 y publicado en Estocolmo y Buenos Aires, se recojen las últimas palabras que sobre el destino alemán escribió Sven Hedin y que, en un determinado sentido, se han convertido para nosotros en un legado que, tal como podemos apreciar, los alemanes no han sabido apreciar hasta hoy y que incluso en muchos lugares ha sido ninguneado, mal interpretado y distorsionado; una casi trágica despedida de una relación de casi 70 años entre una gran persona y una gran Nación.
Sven Hedin fue un ardiente patriota sueco que, después de Suecia, amaba a Alemania sobre todos los demás países de la Tierra. En Alemania, en la Universidad de Berlín y bajo la genial y amistosa dirección de v. Richthofen, recibió su formación científica; en Alemania, el año 1892 y en la ciudad de Halle an der Saale, obtiene el grado de doctor con una tesis sobre el volcán Demavend; las dos grandes editoriales: Brockhaus de Leipzig y Justus Perthes de Gotha, son las primeras que ofrecen al público internacional los reportajes sobre sus viajes y sus obras científicas; cuando ha estallado la I Guerra Mundial dedica a Alemania los libros “Ein Volk in Waffen” (Un pueblo en armas) y “Nach Osten!” (¡Hacia el Este!) lo que es contestado por las Sociedades geográficas de la Entente (naciones aliadas en guerra contra Alemania) con su expulsión como miembro de las mismas. (...) Cuando Seven Hedin regresa en 1935 definitivamente a Europa tras su última expedición a Asia de ocho años de duración, es invitado muy pronto por Alemania. Lo que ahí hace y remueve hasta el año 1942 lo explica en su informe “Ohne Auftrag in Berlin” que, en más de un sentido, se podría parangonar como documento histórico con “La guerra de las Galias” de César.
El patriota sueco se topa con un régimen para el que no cuenta la libertad ni la soberanía individual de los pueblos. El etnólogo trata con un Ministro de Asuntos Exteriores cuya concepción política ni siquiera incluye a Finlandia. El convencido cristiano contempla un Reich que acosa a la Iglesia y que incluso persigue a la religión. La cosmovisión humanitaria del amigo de la Humanidad se enfrenta a una persecución racial y a campos de concentración. ¡Qué tensión anímica tan enorme debían suponer estas contradicciones para quien Alemania era un asunto de su corazón! Pero el informe de Sven Hedin trata estos temas pausada e imparcialmente, con una objetividad y un desapasionamiento que nos impacta extraordinariamente. En lugar de la pasión surge la voluntad de descubrir la verdad, y la recepción subjetiva de las cosas queda subordinada a las indagaciones objetivas “según lo que en realidad sucedió en su momento”. Ni en una sola palabra se refiere al cúmulo de ofensas y recelos, improperios y enemistades que el imperturbable Sven Hedin tenía que soportar por parte de la pasión política y del desconocimiento. Con una gran serenidad personal se puso otra vez del lado de aquellos que habían errado y cometido faltas. ¿Cómo pudo producirse una tal desinhibición personal? ¿De dónde obtuvo Sven Hedin ese poder de objetivización?
Ya desde su primer contacto con el Nacionalsocialismo, Sven Hedin lo había superado anímicamente al valorarlo como un fenómeno histórico y no como un fenómeno político. De este modo pudo apreciar tanto el lado oscuro como la faceta luminosa de dicho movimiento, consiguiendo también descubrir la sustancia vital del todo por encima de la degeneración de las partes. Así pudo mostrarse justo tanto frente a los fallos de los demás como frente a sus propios errores.
En tanto el Nacionalsocialismo dirigió nuestro destino, nosotros, los alemanes, no podíamos colocarnos en un punto de vista histórico tal como era el derecho y la obligación de los grandes neutrales, sino que teníamos que tener una relación política con él; teníamos que decidirnos y, de la decisión que se tomara, arrostrar y soportar las consecuencias. Pero después se nos planteó a todos el superar anímicamente el Nacionalsocialismo. Esto nunca se puede conseguir por medio de negativas y desmentidos, ni por resentimientos ni romanticismo, sino solamente con disciplina espiritual y amor inquebrantable por la verdad, por medio de un sentido de justicia frente al adversario y de fidelidad hacia el propio ser; es decir, cumplir con el legado que nos ha dejado Sven Hedin.
En el 88º aniversario del nacimiento de Sven Hedin.
19 de febrero de 1953.